Protegido: flawed, yet perfect
•Agosto 12, 2009 • Escribe la contraseña para ver los comentarios.Occam and Bayes, sitting in a tree…
•Enero 3, 2009 • 2 comentarios
Supongamos que tengo dos bolsas de M&M, cada una con 100 chocolates, y no hemos visto su interior pero sabemos que una tiene chocolates de 5 colores, 20 de cada uno; la otra solo tiene chocolates rojos.
Así que te doy una de las bolsas y tu primer chocolate es rojo. Si tuvieras que adivinar, dirías que es la bolsa con sólo chocolates rojos, pero no creo que apostarías en ello. Así que tomas otro y de nuevo es rojo; o tienes la bolsa de chocolates rojos o tenemos una coincidencia interesante. Tomas tres chocolates más y todos son rojos, a estas alturas deberías de tener mucha confianza de que tienes la bolsa de chocolates rojos, pero sigues tomando chocolates. Para cuando sacas el número veinte… Honestamente lo que estoy pensando es que llenas tus vacíos afectivos comiendo golosinas, pero vamos a decir que hasta ese punto todos tus chocolates han salido rojos.
Si te pregunto en ese momento qué bolsa tienes seguramente responderías que es la que tiene solamente chocolates rojos. Entonces llega un amigo y empieza a alegar:
- “Te equivocas, hay dos bolsas, las probabilidades son iguales de que tengas cualquiera”
-”Al inicio, tal vez”, le respondes, “pero he estado sacando chocolates desde hace rato, y todos han salido rojos”
-”Puede ser, o puede ser una coincidencia. Sólo has sacado 20, así que en realidad no puedes saberlo”
-”Muy bien, no puedes estar absolutamente seguro, pero tan sólo la probabilidad de haber sacado 13 chocolates rojos seguidos era de 0.0000000000854040097755867230208%, menos de una diezbillonésima. No digamos la probabilidad de que sacara los veinte chocolates seguidos de color rojo, que es de 1.71878343595605791136123715584 a la -21″
¿No te dije que eres un genio matemático? Pues en mi cuento lo eres. Y tu atractivo físico es tanto que detienes el tráfico en todas partes. Es un don y una maldición. Believe me, I know. Lamentablemente tu personificación de Rain Man no es suficiente para aplacar a nuestro amigo.
-”¿Ves? Hay una probabilidad de que sí tengas la bolsa con chocolates de colores, ¿No? Así que no puedes estar seguro.”
-”Sí, hay una probabilidad, de menos de una milbillonésima de porciento. Eso quiere decir que en promedio, si pudiera realizar el experimento en tan solo 1 segundo, tendría que pasar más de 300,000 años sin comer o dormir repitiéndolo una y otra vez sin detenerme para que ocurriera.”
-”Pero podría suceder”
-”Ugh, sí, supongo que sí, pero es extrem…”
-”¡Ajá, entonces no lo sabes en verdad!
-”Muy bien” le dices, “¿Cual es tu explicación para lo sucedido? Decir que era probable no bastaría más que el que yo dijera que en realidad todos somos marcianos, sería prácticamente imposible que por casualidad yo tuviera la bolsa de chocolates de colores”
-” Tal vez alguien los acomodó así.”
-”¿Alguien, como pequeños duendecillos acomodando los dulces para que saques solamente los rojos?
-”Podría ser, tal vez no podríamos verlos o sentirlos y eso no significa que no estén ahí.”
-”Eso es incluso más complicado que el haber sacado sólo por probabilidad 20 chocolates rojos uno tras otro.”
-”Eso creo, pero no es completamente imposible, tienes que reconocer que es una posibilidad”.
-”Sabes,” dices tras un suspiro, “en realidad sería mucho más sencillo presumir que tenemos la bolsa con puros chocolates rojos”.
-”Bueno, esa es tu opinión, pero yo tengo la mía, y ambas son igualmente válidas.”
Tell me when I care
•Enero 3, 2009 • 1 comentario
Cuando yo tenía 6 años mi mamá falleció.
A esa edad algo así es devastador. No se limita a ponerte triste, se transmite a cada aspecto de tu vida, a la persona que eres.
Buscando sentido soñaba que había un error, fabricaba escenarios donde seguía viva. Al nunca ver el cuerpo ni el funeral, cada noche me daba licencia de imaginar que regresaba diciéndome que todo era un malentendido.
Lo deseaba con todas mis fuerzas, con toda la razón para hacerlo. Aquello era injusto, arbitrario y horrible. Pero aunque tuviera tantas excelentes razones para desear verla de nuevo, jamás sucedió.
Tan chic como sean hoy la Ley de la atracción o Paulo Coehlo, el cuanto quieras que algo sea real, tan buenas como sean tus razones, es irrelevante.
A la realidad no le importa. Tampoco tus razones o sentimientos. Incluso no le importa que des tu mejor esfuerzo si este no basta.
(Ciertamente si tu deseo te impulsa a la acción eso generalmente va a acercarte a tu objetivo, pero el punto de hoy es otro)
Platicando con Karla le pregunté por qué ella cree en Dios. Me respondió “¿De qué otra manera vas a explicar todas las cosas que pasan? Como doctora veo muchas cosas, y no puede ser porque sí”.
Pero eso no es un argumento para su existencia. Eso es el por qué quieres creer.
Respondió preguntándome cómo saber si su mamá es verdaderamente su mamá. Aquí ya hablamos de Occam y Bayes. Siempre vivieron juntas, son idénticas física y emocionalmente, hay documentos y fotografías, etcétera, mientras que no hay razón para sospechar lo contrario. Pudiera ser que no lo fuera, lo mismo que pudiera ser que tú y yo somos marcianos, pero para ese punto estamos defendiendo lo indefendible.
En este punto frecuentemente uno es cuestionado por ser demasiado lógico. Pero ese tipo de respuestas sólamente nos dan razones por las que queremos creer. Si alguien dice que va a ser una estrella y le preguntamos por qué, puede tener excelentes contactos en la industria, o talento extraordinario, por ejemplo; pero si su razón es algo como “lo sé dentro de mi corazón”, no basta, aunque lo quiera o lo crea.
Hay buenas razones para creer la mayoría de las cosas importantes. Pero si se basan en querer creer necesitas estar consciente de que, correcto o falso, eso no cambia nada.
Making the Cut
•Enero 3, 2009 • 2 comentarios
Parafraseando a Terry Pratchett, el problema de tener una mente abierta es que todo mundo insiste en meter su basura en ella.
Y si está muy abierta, cualquier cosa puede caber en ella, pero no todas las cosas valen la pena de creerse. El problema es que, como especie, los hombres tenemos un muy mal historial al elegirlas. Actualmente la respuesta estándar a cualquier cuestionamiento ante una creencia irracional es “no puedes probar lo contrario”.
No puedes probar que no es cierto. No puedes probar que mi deidad no existe. No puedes probar que eso era lo que quise decir. Etcétera.
Hay mucho que decir sobre aquello de Las proposiciones extraordinarias requieren de evidencia extraordinaria, y que el requerimiento de evidencia respecto a una declaración (“Los extraterrestres están entre nosotros”, digamos) recae sobre quien la hace. Pero eso no es el punto hoy.
El punto es que, si no es necesario, probablemente no debas creerlo.
Que seamos capaces de imaginar justificaciones para cualquier declaración hasta que sea coherente no es lo mismo a haberla hecho real. Pero que una teoría no se contradiga a si misma no tiene nada que ver con que sea real.
Como en el caso del dragón invisible, podemos ir justificando cada hueco de una idea hasta que ya no puede comprobarse que es falsa, y eso no la hace más cierta.
Porque si insisto en que tengo un dragón invisible en mi cochera, y todo lo que argumento es que tú no puedes desmentirlo, lo más natural es que acudas a la otra teoría que justifica más fácilmente que cualquier prueba de detección falle sobre el dragón:
Simplemente este no existe.
Eso es la Navaja de Occam. Claro que podemos especular sobre como Bush es un genio del mal, que ha creado una serie de conspiraciones enormes a lo largo de años que abarcan a miles de personas desde bomberos a contratistas, a lo largo de una serie de países y tres continentes, mientras todo el mundo está pendiente de todos sus movimientos para criticarlo y burlarse. Y todo esto sin dejar un solo rastro.
O, podemos simplemente darnos cuenta de que es estúpido e inepto, que logró llegar al poder como fruto de un sistema ineficiente y manejable.
De hecho a veces no somos capaces de explicar algo que ha sido explicado de forma irracional, e incluso entonces sigue siendo irracional:
Hace poco que sabemos cómo se da la lluvia. Si retrocediéramos un par de siglos la gente no lo sabría, y muchos tendrían alguna explicación absurda de ello, pero que nadie tuviese aún la respuesta no equivalía a que la lluvia fuese sobrenatural entonces. O que la generación espontánea fuera correcta. En materia de ciencia hay mucho por descubrir, a medida que se haga, se le dejará de imputar razones sobrenaturales.
Y en nuestra vida personal, antes de creernos cualquier sensacionalismo, que el mundo está en nuestra contra, o cualquier cosa similar, haríamos bien en preguntarnos si hay algo más sencillo que explique lo mismo sin tener que recurrir a tantas complicaciones.
Elementary
•Enero 2, 2009 • 3 comentarios
Continuación a esto
Anteriormente platicamos que en lugar de pasar por una crisis de fé por cualquier trivialidad era más sencillo adoptar ciertas actitudes para evitar convertirnos en defensores de lo indefendible LINKOCCAMANDBAYES, y la navaja suiza del racionalista wannabe se llama “Análisis Bayesiano”.
No te preocupes si suena pretencioso o complicado, este blog no se trata de nada de eso.
Vamos a dar por sentado (LINKNAVAJADEOCCAM) que existe una realidad objetiva, a pesar de nuestros puntos de vista personales, parciales y sesgados. Lo que trataremos de hacer con esta herramienta es llegar a las conclusiones correctas sobre esta realidad basados en la información limitada, o evidencia, que vamos recibiendo.
Esto significa que mientras recibimos evidencia sobre un tema, la validez de las posturas al respecto cambian. Quien quiera enviar hate mail diciendo que eso es inferencia probabilística necesita platicar con el cuervo de Hempel.
En general esto es muy sencillo: Si te digo “mañana va a llover”, vas a darle validez a mi argumento basándote en la información que tienes (si es temporada de lluvia, si está nublado, comentarios que hayas escuchado), y si a medida que pase el tiempo se nubla más quizá creas en mi, y si el clima se pone seco y sin nubes, dudarás. Considerarás si soy honesto o mentiroso, si la lluvia es rara o frecuente en este lugar.
Existe un ejemplo clásico de la vida real:
En junio de 1968 la marina estadounidense perdió al submarino Escorpión y realizaron busquedas intensas sin éxito alguno. Entonces llamaron a John Craven, un experto de aguas profundas que implentó una búsqueda bayesiana para localizarlo.
Craven entrevistó a expertos para obtener sus opiniones sobre lo que podía haberle ocurrido al Escorpión. Después tomó un mapa del mar y lo dividió en una cuadrícula, asignando las probabilidades de que el submarino hubiera terminado en cada cuadro si cada percance le hubiese sucedido, y las probabilidades de encontrarlo si estuviese allí.
Craven empezó la búsqueda, al buscar infructuosamente en cada cuadro al Escorpión reevaluaba las probabilidades de cada evento, y por tanto donde podría encontrarlo.
En cuestión de semanas, a través del Atlántico y con un solo barco, Craven recuperó al Escorpión.
¿Qué tiene que ver esto con cualquier cosa? Este post ya es suficientemente largo, dejémoslo para el siguiente.
lets get outta’here
•Enero 2, 2009 • 1 comentario
“Esa es tu opinión, pero yo tengo otra, y los dos son puntos de vista y se respetan”
Odio esa postura. Es cierto que no en todas las cosas hay una verdad universal, no podemos debatir si los tacos son más sabrosos que las pizzas, y si debatimos pintura y terminamos reducidos a pelear sobre si Rembrandt es mejor que Pollock dudo que vayamos encontrar un ganador.
(Fuck them all, vivan las hamburguesas y Kandinsky)
Pero esto no significa que vivamos en una realidad relativista, no todo puede reducirse a opinión, y no importa cuanto te empeñes en sostener que es una buena idea meter la mano a la fogata, igual te vas a quemar. Cuanto te empeñes o te guste una idea no tiene ninguna relación con su validez, y aunque haya mil ideas respecto a un tema, eso no las hace igualmente válidas.
Y esa es la importancia de pasar las ideas por el fuego, incluso si no te importa lo que piense el mundo es una lástima pasar tu vida defendiendo cosas que no te convencerían ni a ti mismo.
Pero pasar toda la vida cavilando si en realidad me gusta la catsup tampoco es la propuesta más atractiva. Todo este asunto de la crisis de fé y el cuestionarse a uno mismo es algo intenso para estarlo aplicando a cualquier trivialidad.
Sobre todo es más sencillo prevenir que pasar noches en vela reevaluando tu vida. Ok, tal vez somos pocos los que tenemos que llegar al extremo, pero es inútil e innecesario creer cualquier cosa porque nunca nos tomamos un segundo para ver si tenía sentido.
Por eso vamos a estar platicando de algunas maneras de ir evitando caer en estas trampas, y este post lo voy a ir editando a medida que toquemos estos asuntos, que entre otras cosas incluyen:
Atributos y Categorías
El Dragón Invisible
•Noviembre 29, 2008 • 1 comentario
Fotografía por Querth
Traducción libre sobre el ensayo de Carl Sagan “The dragon in my garage”.
“Un dragón escupe-fuego vive en mi cochera”
Supón que en realidad te digo tal cosa. Seguramente querrías verlo, verlo por ti. Ha habido innumerables historias de dragones por siglos, pero ninguna evidencia real ¡Qué oportunidad!
“Muéstrame”, me dices. Te llevo a mi cochera. Al ver adentro, ves una escalera, unas latas de pintura vacías y un triciclo – pero ningún dragón.
“¿Donde está el dragón?” me preguntas.
“Está justo aquí” respondo, con una vaga seña. “Olvidé mencionarte que es un dragón invisible”.
Tú propones echar harina por el suelo de la cochera para capturar las huellas del dragón.
“Buena idea”, te digo, “pero este dragón flota en el aire”.
Entonces usarás un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.
“Buena idea, pero el fuego invisible también tiene la cualidad de no emitir calor”.
Pintarás el dragón con unas latas de spray.
“Buena idea, pero el dragón es incorpóreo, así que la pintura no se le pegará”. Y seguimos así. Yo contradigo cada prueba física que mencionas con una razón especial por la cual no funcionará.
Ahora ¿Cual es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo, flotante, que emite fuego sin calor, y ningún dragón en absoluto? Si no hay manera de desmentir mi argumento, ningún argumento posible que cuente, ¿Qué significa decir que mi dragón existe? Tu inhabilidad para invalidar mi hipótesis no quiere decir que esta sea más cierta. Las aserciones que no pueden ser probadas, afirmaciones inmunes a las pruebas en contra, son verídicamente inútiles, independientemente de su valor para inspirarnos o elicitar nuestro sentido de admiración.
Lo que te estoy pidiendo hacer se reduce a creer, sin ninguna evidencia, en mis declaraciones. Lo único que has aprendido verdaderamente de mi insistencia de que tengo un dragón en mi cochera, es que algo chistoso está pasando en mi cabeza. Te preguntarías qué me convenció si ninguna prueba física es aplicable. La posibilidad de una alucinación entraría en tu cabeza, pero entonces ¿Por qué me lo tomo tan en serio? Tal vez necesito ayuda, o al menos tal vez he subestimado la falibilidad humana.
Imagina que, a pesar de que ninguna de las pruebas es exitosa, deseas permanecer con la mente escrupulosamente abierta, así que no desechas la idea del dragón escupe-fuego en mi cochera inmediatamente, símplemente la dejas pendiente. La evidencia presente está fuertemente en contra de ella, pero sí aparecen más datos tendrás disposición a examinarlos y ver si te convencen. Ciertamente sería injusto enojarme porque no me creas, o criticarte por denso y poco imaginativo -simplemente por usar el categórico veredicto de “no se ha puesto a prueba”.
Imagina que las cosas hubieran resultado diferentes. El dragón sigue invisible, pero ves cómo se forman huellas en la harina, el detector infrarrojo da lecturas fuera de escala, la pintura revela una cresta en zig-zag flotando en el aire frente a ti. No importa lo escéptico que fueras sobre los dragones -ni se diga de los invisibles- debes reconocer que hay algo allí, y que preliminarmente es consistente con la idea del dragón invisible.
Ahora otro escenario, supón que no sólo soy yo. Supón que muchos de tus conocidos, incluyendo gente que te parece que no se conoce, te dicen que tienen un dragón invisible en su cochera -pero en todos los casos la evidencia es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos estar sorprendidos de tener tan extraña convicción, tan mal soportada por la evidencia. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos sobre si lo que significaría que en todo el mundo haya dragones en las cocheras, y sólo hasta ahora nos estemos dando cuenta. Te confieso, preferiría que no fueran ciertos, pero tal vez todos esos mitos europeos y chinos no son mitos después de todo.
Afortunadamente, se han reportado unas huellas del tamaño de las de un dragón. Pero nunca se han dado mientras un escéptico mira, y se ha presentado una explicación alternativa. Tras examinación minuciosa, parece que las huellas pueden ser fingidas. Otro entusiasta de los dragones se presenta con un dedo quemado y se lo atribuye a una rara manifestación física del fuego del dragón. De nuevo, otras posibilidades existen. Entendemos que hay otras maneras de quemarse el dedo que con el fuego de un dragón invisible.
Tal “evidencia” -independientemente de como la consideren quienes abogan por los dragones- está lejos de ser convincente. Una vez más, la única postura razonable es rechazar la hipótesis del dragón tentativamente, estar abierto a evidencia futura, y preguntarse cual es la causa de que tanta gente, aparentemente cuerda y sobria comparta la misma extraña ilusión.
Un Nuevo Inicio
•Noviembre 27, 2008 • 1 comentario
Para entonces estaba hecho un zombie, reducido a hacer todo mecánicamente. Al menos a los zombies del Santo los había creado un científico loco (¡El malvado tío Genaro!), pero en mi caso el único culpable era yo.
Pasé meses en negación. Como corriendo en un laberinto, envolviéndome más en el problema, ignorándolo. No tenía opción, recordaba perfectamente lo que había ocurrido la última vez.
Con toda seriedad, había contemplado el suicidio.
No era drama. A los doce años, simplemente me había convertido en Schopenhauer región 4, al llegar a la conclusión de que la vida no tiene un sentido objetivo, por lo tanto todo esfuerzo era fútil, y así la vida consistía en sufrir en vano, y luego morir ¿Y para qué esperar? No había leído aún al padre del pesimismo, pero eso no me había impedido buscar en al menos cinco ocasiones las circunstancias para terminar mi vida.
Aunque había superado esa etapa, en parte se había debido a mi conversión. Pero ahora mi fe se encontraba en juego y me definía en base a ella. ¿Y qué iba a pasar si caía? ¿Sería capaz de jalar el mantel sin romper la vajilla?
No había opción, si bien temía lo que podía pasar con mi vida si perdía la fe, ahora me estaba convirtiendo en la persona que juré nunca ser. Estaba corriendo de mi mismo, estaba perdiendo mi empuje y dirección en la vida. No me había convertido en un zombie porque no podía concentrarme, sino porque al no tener el valor de decidir ser yo, me había convertido en nada.
Esa fue la gota que derramó el vaso; instantáneamente fue obvio que eso no lo podía tolerar. Lo que respeto en las demás personas -la inteligencia, la autodeterminación, la creatividad, el esfuerzo y el cuestionar la realidad que se les presenta- ya no podía encontrarlo en mí, ya no podía respetarme.
Porque para sostener cualquier pensamiento, debes cuestionarlo primero. No superficialmente, realmente ponerte a prueba a ti mismo y a lo que crees. Si se sostiene, venciste, ahora puedes vivirlo con confianza. Si lo que logras es derribarla también has ganado, estás listo para seguir adelante. Esto no es cosa de media hora, no si amenazas la base de tu vida. Yo tendría tiempo suficiente, esperaba una cirugía y semanas de reposo.
Tras tres amaneceres cayó la cortina del Mago de Oz, y si al retirar el mantel cayó algo de la vajilla, conseguí algunas piezas nuevas que me gustan más.
También recordé que mi afinidad por aprender y cuestionar todo puede resumirse en que mi camino es la búsqueda. No por desconfianza en mis conclusiones, sino porque la realidad se extiende más allá de mi, y aunque mi vida entera no bastará para descifrarla, no se trata de eso, se trata de que mientras armo más miconcepto de mi realidad y de mí me siento más vivo y despierto. No es de buscar grandes revelaciones, ni simplificarlo todo. La búsqueda, sin prejuicios o expectativas, es el camino que quiero.
Así nace Puzzling, espacio donde trato de desenredar y enfocar mi mente para encontrar respuestas. Porque no puedo cuestionar lo que no entiendo, porque para alcanzar verdades superiores tener claras las anteriores. Porque no puedo ver si las piezas de mi vida forman un camino hasta que están armadas. Puzzling es la síntesis de como veo al mundo, ojalá quieras acompañarme a explorarlo.
Why so Puzzling?
•Noviembre 27, 2008 • 1 comentario| puz·zle (pŭz’əl) 1. To baffle or confuse mentally by presenting or being a difficult problem or matter. 2. To clarify or solve (something confusing) by reasoning or study. v. intr. 1. To be perplexed. 2. To ponder over a problem in an effort to solve or understand it. n. 1. Something that baffles or confuses. 2. The condition of being perplexed; bewilderment. |
The American Heritage® Dictionary of the English Language, Fourth Edition
haze [heyz]
-noun
| 2. | vagueness or obscurity, as of the mind or perception; confused or vague thoughts, feelings, etc. |
Random House Unabridged Dictionary, © Random House, Inc. 2006.
Y más que nada, por un imperativo interior de poner juntas las piezas de mi vida. Nadie más va a hacerlo por mi.
Dedos de Dios
•Noviembre 27, 2008 • 2 comentariosLos llaman “Dedos de Dios”, y al verlos pasar entre las persianas la ironía me trajo una pequeña sonrisa que no pude contener.
Así es como los fotógrafos llaman al efecto de la luz del sol al filtrarse entre las nubes, como delgados haces de luz. Sentado en la cama empecé a sentirlos deslizarse por mi ventana, tocándome el rostro. Eran las luces de la mañana, y coincidía con la primera vez que podía pensar con claridad en meses. ¿Pero tenían que llegar justo hoy? Inevitablemente empecé a recordar.
Hacía nueve años y medio mi vida había cambiado. Había estado buscando a Dios en todas partes, y ese diez de mayo decidí que ahí lo encontraría. Me entregué a él, a su búsqueda; sus valores fueron los míos, sus objetivos mi campaña. Antes que la escuela, el trabajo, mi familia o yo mismo estaba “Él”, y todo lo demás estuvo subordinado a ello.
Por casi diez años entregué mi tiempo a su búsqueda, servicio y estudio; corría riesgos sin miedo, sintiéndome protegido; me empujé a conocer la profundidad de la oración para vivir la tranquilidad de la contemplación constante, me negué a mi mismo al controlar mis impulsos para templar mi espíritu, al experimentar la mortificación del cuerpo por la simple esperanza de poder agradarle.
Casi una década de instruir a jóvenes, pero también monjas, sacerdotes, misioneros. Decir que mi vida estaba basada en Dios, que me definía en su sentido, no sería decir suficiente. Y ahora, después de tres días sin poder dormir, los “Dedos de Dios” tocaban mi rostro justamente cuando llegaba a la paz con mi nueva conclusión:
Dios no existe.









