Making the Cut
Parafraseando a Terry Pratchett, el problema de tener una mente abierta es que todo mundo insiste en meter su basura en ella.
Y si está muy abierta, cualquier cosa puede caber en ella, pero no todas las cosas valen la pena de creerse. El problema es que, como especie, los hombres tenemos un muy mal historial al elegirlas. Actualmente la respuesta estándar a cualquier cuestionamiento ante una creencia irracional es “no puedes probar lo contrario”.
No puedes probar que no es cierto. No puedes probar que mi deidad no existe. No puedes probar que eso era lo que quise decir. Etcétera.
Hay mucho que decir sobre aquello de Las proposiciones extraordinarias requieren de evidencia extraordinaria, y que el requerimiento de evidencia respecto a una declaración (“Los extraterrestres están entre nosotros”, digamos) recae sobre quien la hace. Pero eso no es el punto hoy.
El punto es que, si no es necesario, probablemente no debas creerlo.
Que seamos capaces de imaginar justificaciones para cualquier declaración hasta que sea coherente no es lo mismo a haberla hecho real. Pero que una teoría no se contradiga a si misma no tiene nada que ver con que sea real.
Como en el caso del dragón invisible, podemos ir justificando cada hueco de una idea hasta que ya no puede comprobarse que es falsa, y eso no la hace más cierta.
Porque si insisto en que tengo un dragón invisible en mi cochera, y todo lo que argumento es que tú no puedes desmentirlo, lo más natural es que acudas a la otra teoría que justifica más fácilmente que cualquier prueba de detección falle sobre el dragón:
Simplemente este no existe.
Eso es la Navaja de Occam. Claro que podemos especular sobre como Bush es un genio del mal, que ha creado una serie de conspiraciones enormes a lo largo de años que abarcan a miles de personas desde bomberos a contratistas, a lo largo de una serie de países y tres continentes, mientras todo el mundo está pendiente de todos sus movimientos para criticarlo y burlarse. Y todo esto sin dejar un solo rastro.
O, podemos simplemente darnos cuenta de que es estúpido e inepto, que logró llegar al poder como fruto de un sistema ineficiente y manejable.
De hecho a veces no somos capaces de explicar algo que ha sido explicado de forma irracional, e incluso entonces sigue siendo irracional:
Hace poco que sabemos cómo se da la lluvia. Si retrocediéramos un par de siglos la gente no lo sabría, y muchos tendrían alguna explicación absurda de ello, pero que nadie tuviese aún la respuesta no equivalía a que la lluvia fuese sobrenatural entonces. O que la generación espontánea fuera correcta. En materia de ciencia hay mucho por descubrir, a medida que se haga, se le dejará de imputar razones sobrenaturales.
Y en nuestra vida personal, antes de creernos cualquier sensacionalismo, que el mundo está en nuestra contra, o cualquier cosa similar, haríamos bien en preguntarnos si hay algo más sencillo que explique lo mismo sin tener que recurrir a tantas complicaciones.



[...] preguntándome cómo saber si su mamá es verdaderamente su mamá. Aquí ya hablamos de Occam y Bayes. Siempre vivieron juntas, son idénticas física y emocionalmente, hay documentos y [...]
Tell me when I care « Puzzling dijo esto en Enero 3, 2009 a 3:23 am |
[...] Navaja de Occam [...]
lets get outta’here « Puzzling dijo esto en Enero 3, 2009 a 3:31 am |